Mamá, de mayor quiero ser abogada

Uno que, a estas alturas, esta ya ciertamente de vuelta sobre eso del miedo escénico que aún asola a ciertos compañeros cuando de vistas orales se trata, recuperó hace algunos días ese cosquilleo desagradable en la boca del estómago.

La razón no era otra que la invitación que, por conducto de mi hija María, de cuatro años de edad, me hacía su profesora para que acudiera a dar una pequeña charla a su clase para explicar en que consiste eso de ser abogado.

Y es que al parecer se encontraban maestros y profesores estudiando las profesiones y parecía pedagógicamente recomendable el que un grupo de padres y madres explicaran en que consiste su profesión.

Superado un primer impulso de declinar amablemente la invitación, el par de pequeños ojos que vigilaba atentamente el sentido de mi respuesta hizo que aceptara, lo que fue recompensado con un palmoteo de alegría y una sonrisa.

Planteado el problema, era tiempo de buscar soluciones. Era necesario planificar la charla al milímetro, para interesar al pequeño auditorio y al mismo tiempo dejar patente la importancia que, al menos para mis, tiene nuestra profesión.

Obviamente, el auditorio requería de atenciones especiales que debían ser estudiadas.

La utilidad de la profesión, el derecho a la defensa, el papel de la abogacía en la protección a los más desfavorecidos, el turno de oficio, la asistencia a las víctimas de violencia doméstica, los estudios doctrinales; pueden ser explicadas de una manera más o menos profunda a un auditorio adulto o adolescente, pero ¿cómo explicar el hacer diario de la profesión a niños y niñas de cuatro y cinco años?

Era evidente que necesitaba de material de apoyo con el que no contaba.

Sumido en estas reflexiones, me dirigí al Servicio de Publicaciones de mi Colegio de Abogados en Zaragoza, dónde demandé material de apoyo para estos menesteres, con la seguridad de que ya mas de un compañero o compañera se habrían visto en la tesitura en la que yo me encontraba.

Lejos de ser así, desde el Servicio de Publicaciones, y he de decir en su honor que no sin cierto sonrojo, me comunican que jamás se les había planteado semejante necesidad.

A pesar de ello, los competentes miembros del servicio contactan por teléfono con varios números para constatar finalmente la inexistencia del tipo de material que demandadaba y, ante la falta de resultados, se ofrecen para buscarme por Internet material que pudiera paliar mi necesidad.

Realmente agradecido decline el ofrecimiento, por entenderme lo suficientemente competente para ello, con la seguridad, de nuevo errónea, de que abundaría el material de apoyo en la red para mi objetivo.

Efectivamente, tras varias horas de rastreo por Internet, empecé a pensar que para esto de las charlas infantiles sobre profesiones lo mejor es ser bombero, médico o policía.

La evidencia es que no pude encontrar referencia alguna a como ayudarme a explicar mi profesión a niños de tierna edad, a diferencia de la cantidad abrumadora de las profesiones antes citadas

Se me ocurrió recurrir al Consejo General de la Abogacía Española, y, he de decir no sin cierta vergüenza que, para mi sorpresa, en pocas horas contestaba a mi correo electrónico Jesús Díaz Lanza, a la sazón Jefe de Prensa del Consejo General de la Abogacía Española, poniéndose a mi disposición y ofreciéndome todos los medios que tenía a su alcance para ayudarme en la que empezaba a ser una ardua misión.

Pero como sabiamente dice el refranero para casos come este, más vale que sobre que no que falte.

Decidí continuar con mi búsqueda de material de apoyo por la red de redes. Ante el fracaso del día anterior, opté por dirigirme a la lista de correo de Rediris Derecho-es pidiendo ayuda.

En un periquete, varios compañeros de diversas provincias me contestan y me señalan determinado material de uso público del Consejo General del Poder Judicial.

Un par de «clicks» de ratón después ya me encuentro «bajándome» un DVD para explicar a escolares que es eso de la justicia, consistente en un video en el que, relacionando las señales de tráfico o las reglas del deporte, se termina en una sala de vistas, donde se explica el papel de cada interviniente, entrevistando a un magistrado, un representante del Ministerio Fiscal y un abogado, debidamente togados. Señalar que, de manera ciertamente injusta a mi entender, en dicho video no se hace ni una sola referencia al papel del Secretario Judicial.

En la misma web del Consejo General del Poder Judicial, a instancias de otro compañero, encuentro un par de «pdfs» consistentes en guías para el conferenciante y en folletos para los alumnos, que gustosamente descargué e imprimí en la provisión adecuada a mis fines.

Ese día, cuando llegué a casa para comer, al ver a mi hija María, me froté mentalmente las manos pensando que todo el trabajo valdría la pena cuando ella y sus compañeros vieran el material que estaba preparando.

Mi gozo en un pozo.

Fieles a la costumbre de explicar durante la comida lo que cada uno había hecho durante la mañana, mi hija María me cuenta entusiasmada que «hoy ha venido a explicar su trabajo un bombero»

Tras escuchar el relato, pude comprobar que el maldito «apagafuegos» había llevado a la clase de los niños su casco de cristal de espejo reluciente, su chaquetón ignífugo, un extintor, y un puñado de cuentos impresos a varios colores donde se explicaba lo que hacen los bomberos.

Examiné rojo de ira uno de dichos ejemplares que me era mostrado en esos momentos por mi hija. No había duda de que la competencia iba a ser dura y que acababan de poner el listón muy alto, pero quedaba todavía tiempo.

Por la tarde, de nuevo al teclado, navegué y navegué sin encontrar nada en español, hasta que decidí ponerme manos a la obra y adaptar una publicación del Departamento de Justicia de los EEUU para explicar su sistema judicial, traduciéndolo al castellano y adaptándolo a nuestro derecho.

El resultado, era bastante digno y la cosa estaba tomando un cariz algo más favorable. Astutamente suplí la ausencia de color en mi material adaptando cuadernos para colorear.

También encontré una ficha del diario El Mundo sobre profesiones que explicaba bastante bien y de manera esquemática que es, que hace y como se forma un abogado; y que obviamente paso a engrosar mi lista de material.

Pero una cosa me tenía preocupado. Era la chispa que pude ver en los ojos de María cuando me contaba como se habían probado el chaquetón de bombero y el casco.

Tuve que darme una palmotada en la frente. ¿Cómo podía haber estado tan ciego? Una toga pocas veces puede ser usada fuera de una sala de vistas con más dignidad que para explicar a unos niños el concepto de derecho a la defensa, a un juicio justo, a la igualdad ante la ley, etc.

Era obvio que tenía que incluir en mi equipaje una toga junto al material grafico y audiovisual que ya había conseguido.

Pero cuando ya no creía en ellos, los Reyes Magos llegaron en abril de parte del Departamento de Prensa del Consejo General de la Abogacía Española. En mi buzón había un misterioso y abultado sobre a mi nombre que, al ser abierto, desató una pequeña lluvia de miniaturas de la Declaración Universal de los Derechos Humanos para niños con el aparente destino de ser repartidas entre mi pequeño auditorio.

Con los refuerzos de Madrid, el Cuerpo de Bomberos acababa de ser derrotado.

Llegada la tarde de la charla, reconocí el cosquilleo olvidado del que al principio hablaba, y me dirigí a la clase de María con todos mis bártulos, entre los que incluí mi toga.

El desarrollo de la conferencia fue maravilloso.

Resulto personalmente emotivo ver esa veintena de caras pendientes de cada una de mis palabras.

Contemplarlas asentir cuando relacionaba las normas de tráfico o las del fútbol con las normas jurídicas; y los castigos de la profesora con las sanciones penales.

Disfrutar con su asombro cuando les enseñe un viejo y voluminoso ejemplar del diccionario Aranzadi de Legislación y compararlo con un liviano ejemplar de la Constitución Española.

El reírse conmigo cuando les descubrí que, de los dos libros, era mucho más importante el pequeño que el grande y no al contrario como me gritaban a mis preguntas.

La seriedad con que se tomaron su papel en la pequeña vista oral que organizamos con varios abogados, Ministerio Fiscal, Juez, Secretario Judicial, Acusado y denunciante.

Como afirmaron enérgicamente cuando les dije que, a pesar de ser físicamente distintos, todos somos iguales ante la ley.

Pero le tenía reservada una sorpresa de última hora al bombero.

Dado que en mi toga, preparada para envolver a un metro noventa de abogado, era difícil de poner a los diminutos cuerpos de mi auditorio, con ayuda de mi esposa, unas tijeras y unas bolsas de plástico negras, confeccioné unas mini-togas que impuse a los participantes en la vista oral.

Tras aplausos que me parecieron sinceros, pues a esa edad siempre lo son, me despedí de profesora y alumnos con la sensación de haber dejado el pabellón bien alto.

Antes de irme hice las paces con el bombero, pues advertí seriamente a mi auditorio que todas las profesiones son importantes y necesarias, siendo el trabajo lo que dignifica, y no el trabajo que hagas.

La mejor recompensa la tuve por la noche, cuando llegue a casa y mi mujer me contó que una de las compañeras de mi hija a la que había puesto la toga de plástico se negó a quitársela en toda la tarde, y cuando salió al encuentro de su madre, que como cada día venía a buscarla le dijo: «mamá, de mayor quiero ser abogada»

P.D. DOCE AÑOS DESPUÉS: Quiero desde estas lineas agradecer a los cientos, sino miles de compañeros que han leído este artículo y sus amables palabras y felicitaciones, a todas luces exageradas. Han pasado doce años desde aquel maravilloso día. María ya casi tiene dieciséis años y sigue teniendo unos brillantes ojos que a veces vigilan mi rostro para conocer de antemano mis respuestas. Yo también tengo doce años más y puede que algunos quilos más y algo menos de pelo. Lo que tampoco conservo es el material que utilicé aquellos días y que aún hoy, doce años después, me siguen solicitando algunos compañeros por email o por teléfono, e incluso en persona. Los tiempos han adelantado una barbaridad en estos años y os aconsejo a los que sois más jóvenes y os veis en esta bonita tesitura que utilicéis la imaginación con la seguridad de que dejaréis la profesión en lo más alto y obtendréis de vuestro hijo o hija una gran sonrisa de agradecimiento

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4 respuestas a Mamá, de mayor quiero ser abogada

  1. Vanessa dijo:

    Por fin, compañero. Me llamo Vanessa Muñoz (casualidad), y me encuentro con el mismo problema que tú. Dónde encuentro el material? Cómo lo explico? Realmente me ha encantado tu escrito. Me he sentido identificada. Pero necesito ayuda. ¿Podrías darme datos concretos? ¿Dónde acudir exactamente? Dime algo, por favor.Una mami-abogado.

  2. Hola, me ha encantado tu artículo. Ahora yo me encuentro en la misma tesitura, debo explicar a los compañeritos de la clase de mi hija la función que realiza un abogado y te agradecería muchísimo si pudieses ayudarme en el tema porque si bien soy abogado no soy abogada española y necesito una ayudita.Gracias desde ya: Rocio Amorosmi correo es :rocioamoros@yahoo.es

  3. Anonymous dijo:

    Hola me llamo Mónica y soy abogada, pero principalmente soy madre y debo enfrentarme en breve a un grupo de 50 niños de 1º de primaria para interesarles por nuestra denostada profesión. Me ha servido de mucho leer tu artículo, no sólo por las ideas, que también, sino por la empatía de sentir el cosquilleo más ante mi próximo auditorio que ante el juez. En fin, yo había pensado relacionar los diez mandamientos con nuestras leyes, y les voy a ilustrar con el decálogo de los derechos de los niños que he sacado de Quino (y su Mafalda) para hacerles ver que no sólo tienen que obeceder y respetar sino también tienen unos derechos. Además mi Cole me ha va a prestar una toga pequeña y haré un pequeño juicio con testigos y todo, sobre un litigio: un menor se ha encontrado una Nintendo que otro niño había perdido. Muchas gracias y ánimo.

  4. Hola Soy Vicente Ortiz, compañero de Badajoz. El próximo día 20 tengo que acudir a la noble tarea que tan bien has narrado, al centro escolar de mi hija menor (4 añitos). Te agradecería que me pudieras ayudar con el contenido y su localización.
    Te juro que el primer día que me lo comentó pensé en ir a comprar un disfraz de bombero y una manguera para evacuar el trámite…..(;-P), pero mi hija no me lo consiente, y al final tu me has animado, no solo a no faltar, sino a intentar dejar nuestro honor en lo más alto del pabellón de profesiones (conste que los medicos han llevado geringillas y esas cosas y algunos hasta regalos de empresa….).
    Te agradecería que me pudieses ayudar. Mi correo es ortiz@icaba.com
    UN saludo y gracias.

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